Autogestión, collage y reciclajes

¿Quién puede afirmar que diez años no son nada? Es una gran falacia. Diez años pueden ser una vida, un gran amor, un mundo desastroso. Pueden ser el terreno para cosas múltiples, diversas, buenas, malas, dulces y picantes. En diez años, nuestrxs lectorcitxs, por ejemplo, pueden haber pasado de no saber leer a devorarse novelas juveniles. O de las novelas juveniles a sacarle chispas a la Colección Urgente.

Como cooperativa, nos enorgullece contar que transcurrieron diez años de una idea. Que la dejamos reposar mucho. Que ha vivido crecimiento, abrazos, frenos, traspiés, aplausos. Que hemos experimentado, y seguimos experimentando, lo que buscábamos: el encuentro alrededor de los libros.

Si esto fuera uno de nuestros tan amados cuentos, diríamos “Todo comenzó…” y vamos a hacerlo. Todo comenzó en el año 2012. Más específicamente, en el mes de mayo, otoñal, en el que las hojas cambian a color anaranjado, amarronado, como las nueces. Y anaranjado fue nuestro primer logo. Nos reunimos nueve personitas (Pocho, Lu, Tornes, Juli, Orne, Echu, Nina, Quary y Gugui), unidas más que todo por vínculos afectivos. Nuestra primera gran potencia fue la amistad, más que el saber del oficio.

Había, sobre todo, ideas y ganas de probar y jugar(noslá) en todo. Además de la asamblea constitutiva y los papeles que corresponden a toda cooperativa, al tiempito hicimos un Cadáver exquisito, juego que nos permitió por un tiempo nombrar un quiénes somos que nos resultaba indefinible. No sabíamos etiquetarnos, no nos gusta, no sabemos hacerlo bien aún, por suerte.

Desde un comienzo, lo nuestro fue el pastiche, el collage, la mezcolanza. Se mezclaban las ganas de transformar el mundo desde las infancias con el llegar a trabajar con amigxs y sin jefes; las ganas de soñar con mundos inventados con la práctica política llena de consignas y posicionamientos bien plantados. Nuestro primer libro fue hecho íntegramente por miembros de la cooperativa (Gugui, Nina y Quary, como principales creadorxs) y metimos bastante mano entre todxs.

Con Tucho no hay tachos era tildado rápidamente como “un libro sobre reciclaje”, pero para nosotrxs implicaba mucho más. Nos permitía hablar desde un lugar bastante inocente y con simpleza de la posibilidad de ver y hacer las cosas de otras maneras. “Donde otros ven basura, Tucho ve juego”, nos encantó decir. Y allí nos zambullimos también a jugar-haciendo nosotrxs. No quisimos endeudarnos, ni tratar con inversionistas random. Si la cooperativa era de todxs, el capital debía serlo también, pensamos. Reciclamos papel, hicimos ferias con libros de editoriales amigas, hicimos un gran guiso gigante con música y rifamos cosas hermosas. Con todo eso, logramos imprimir nuestros primeros 500 libros. Gran momento de inauguración, primera experiencia con una imprenta, con un libro acaballado y colorido que mostraba desde todos sus costados nuestros primeros pasos compartidos.

Inflar y alimentar las esperanzas cooperativas 

En esos dos primeros años, cada libro llevaba mucho tiempo. Íbamos creándolo despacito pero segurxs, mientras volvíamos a juntar moneda por moneda para una segunda apuesta. La siguiente gran labor colectiva fue Otto, el globo que pinchó al miedo en 2014 (con Lu y Orne craneando), nuevamente con muchas manos ayudando a cerrarlo y terminarlo. En ese entonces, Melón ya se sumó para hacer el “cachorreo”, que es como mucho tiempo después comenzamos a decirle a la tarea de revisar/corregir, porque es como lametear un texto con amor y paciencia. 

Otto fue el primer libro que mencionaba al pasar, a modo de metáfora sútil o cuasi indirecta, una huella que acompañaba a Muchas Nueces: el 2001. El primer signo de por qué creíamos que había que apoyar y apoyarnos en las cooperativas de trabajo, formalizando lo colectivo y haciéndolo crecer, ya estaba allí. Por esto, volvimos a decidir hacer cositas que no tenían tanto que ver con los libros. Tornes realizó un video de La Nueva Esperanza (una fábrica recuperada de globos) y, cuando logramos imprimir el cuento y tenerlo físicamente entre nosotrxs, fueron repartidos los globos y la historia de La Nueva Esperanza junto con el libro. La presentación rebalsó nuevamente de amigxs. Fue con otro guiso gigante, esta vez de lentejas y en un centro cultural hermoso y cuyo nombre nos caía demasiado simpático: La Revuelta

El poder a les niñes y a los tejidos

En 2015, dimos otro paso de personas editoras creciditas. Comenzaron a llegar lxs autorxs que no formaban parte de la cooperativa, gente que enviaba sus cuentos y obras aunque no eran socixs de la cooperativa y que decidimos editar. Uno de esos libros fue Cuentos para una futura Niñocracia (uno de los libros más favoritos de todxs, de Juan Pablo Sáez Gil). Fue nuestro primer libro de cuentos, que tenía adentro una combinación hermosa de fantasías y juegos del lenguaje. Además, como una vez que crecemos no nos vamos con cosas fáciles nunca, logramos coordinar con once ilustradorxs amigxs diferentes para que cada unx ilustre un cuento. La combinación interna es nuevamente la mixtura de las distintas formas de mirar un cuento para niñes, la belleza de lo diverso y lo ecléctico una vez más.

También ese año formamos parte de la impresión de un libro que era una reversión de un mito, el de Teseo y el Minotauro, desde una mirada feminista. El ovillo de Ariadna era un relato que nos traía nuevamente otras formas de mirar, en este caso a los grandes mitos, y el collage como modo de repensar las imágenes, un ovillo del que intentamos tirar para nutrir entramados que le dieran color al imperio del gris. La ilustración collagística esta vez la realizó Bellina, quien había conocido a Pocho en los patios de Puán, y pasó rápidamente a ser parte del grupo de amigxs socixs de la cooperativa

Guerrear por el amor, contra miedos y violencias

Así seguimos conociendo gente en espacios que militaban las causas que abrazamos. Amalia Boselli llegó por haber escrito un cuento en un taller de familias diversas en el ECUNHI, por ejemplo. Y ese cuento con dibujos de Bellina se nos volvió el primer libro álbum grandote, lleno de color y aventura. Salió de imprenta en 2015. Mientras La Princesa Guerrera, una historia de amor valiente entre mujeres, se gestó a nuestro ritmo lento, nació en asambleas el Ni Una Menos. No creemos en las casualidades en estas cosas. Marca de época y sensibilidad de calle, por ahí hayan sido esos los ríos que nos empujaron a abrazar ese libro y en paralelo a llenar el espacio público con nuestros gritos.

La etapa trans-itada

Los libros relacionados a nuestras percepciones feministas del mundo y su relevancia fueron muchos. Pero donde más encontramos cobijo y radicalidad sensitiva y de pensamiento fue en nuestras amigas trans y travas. Ya éramos absolutamente fans de Susy Shock cuando ocurrió la magia. Logramos trans-formar en libro los audios de Crianzas, un micro radial realizado por una cooperativa, amiga y cuna nuestra, Mu-lavaca.

Allí sucedió un boom de cosas ricas, buenas y amorosas. Susy, que es la reina de la autogestión y que recorre peñas y espacios culturales de todo el país, ahora viajaba con el libro bajo el brazo. Lo compartía, lo hacía circular. Nos llegaban mensajes de mucho cariño y potencia. Hoy es obra de teatro también, obra maestra que sigue mutando de forma y permite potenciar las Crianzas en toda su diversidad. 

Grito colectivo: nos están matando

Nuestra primera co-edición con otras editoriales fue junto a compañerxs de Chirimbote y El Colectivo. Juntxs logramos una obra manifiesto que llevaba el grito de Vivas Nos Queremos, de la calle al objeto. Un objeto que, a su vez, en un vaivén de hamaca fuerte, traía instrucciones para ayudar a quien quisiera manifestarse con grabados en las paredes de las calles de su ciudad. El libro compilaba tantas artistas y voces y colectivos como la campaña Vivas nos queremos. Su estética de grabado fue otras de las huellas que quedó en la editorial. Cada vez que pudimos, desde Muchas Nueces llevamos esos afiches-gritos a la calle, bajo un gazebo, junto con los libros. Siempre manifestándonos a favor del mundo que queríamos construir, intentamos aportar nuestras semillas en forma de irrupciones artísticas en el espacio público.

Infancias libres y redes revueltas

Ya en 2018, luego de varios años y títulos construidos, llegamos a un gran monstruo (del capitalismo) como es la Feria del Libro. Es un no-lugar, pero también un espacio que habitar para poder tejer redes con otrxs, como docentes, niñxs, bibliotecas y librerías que aún no nos conocían. Por suerte, llegamos nuevamente junto a otrxs. Esta vuelta fueron Editorial Chirimbote y Oasis quienes acompañaron y tendieron manos y mates para hacer un poco más livianito el infierno. Juntxs creamos el Stand Infancias Libres, donde la mayoría de los libros eran pensando sobre y para las infancias que hubiésemos querido tener: sin abuso, sin tantas violencias, y con invitaciones a las revueltas más fantásticas. 

Uno de los libros que llegó con nosotrxs a esa feria fue Zomba, un libro que nos permitía mirar y pensar de una manera distinta, enlazada con otros mundos posibles, cosas que duelen y molestan tanto como la muerte de un ser querido. El cuento lo escribió Melón y lo ilustró su amigo internacional El Cometa Ludo, que nos pudo venir a visitar y presentarlo en la feria, y con quien tuvimos el gusto de hacer varios libros más sobre cometas y cosas bellas. 

Otro libro que trataba las mismas dolencias y preguntas sobre el fin de la vida de modo amoroso y potente y que conoció nuestro querido público multiforme en esa feria fue Cuando me transforme en río, de una autora amiga y que nos gusta mucho, Sofi Olguín.

Además, esos fueron años en que en torno a las infancias creamos con otrxs colectivos y cooperativas amigas (Licuadora de arte, La usina de Barracas y Factorial cooperativa) el FE.NI.A. (Festival de la Niñez Abrazada), un espacio que busca fomentar el arte, el juego y los productos cooperativos y sustentables para las infancias. 

Urgencia trava

Luego de muchos muchos libros pensando en lxs niñxs, en nuestra propia niñez, jugando con personajes inventados y colores de todo tipo, llegó la necesidad de dedicarle un apartado de nuestro catálogo a interpelar a quienes se pronuncian adultos, esos que rodean y se apoderan el mundo sin demasiado cuidado por lxs otrxs, por las diversidades, por lo que crece en los bordes. 

Hojarascas, de Susy Shock, fue el libro que nos llevó a inaugurar la colección Urgente, un libro con el que se experimentó en formato con el fanzine o folletín político y que volvimos bandera y afiches con la frase más famosa de ese poemario contra los travesticidios: “No queremos ser más esta humanidad”. Ese grito terminó de cuajar lo que queríamos decir con todas nuestras pruebas, acciones, errores y potencias. 

A esta creación sumamos otros libros que intentaron ser bombas molotov con palabras que disparaban al mismo mundo adulto, neoliberal y obligatoriamente heterosexual. Uno fue el gran ensayo político y teórico de Marlene Wayar: Travesti, una teoría lo suficientemente buena, un libro que nos invita a pensarnos en gerundio y problematiza el derrotado mundo patriarcal desde el pensamiento trava sudamericano. Otro fue Algo no funciona, cicatrices del silencio, de Clau Bidegain, que resultó ser un manifiesto poético contra los abusos sexuales en las infancias, un tema tan urgente y que tanto nos arde, que no pensamos resignarnos a dejarlo en el silencio. 

Nuevas Realidades, nuestras realidades

En los últimos años, nos llegó, como a todxs, la pandemia, con su respectivo aislamiento obligatorio y todo lo horrible de las enfermedades y miedos sobre los seres cercanos. En la ferviente necesidad de vivir y sobrevivir bien a un mundo que parecía haberse puesto aún más horrible, nos aferramos a lo que sabíamos hacer, con más cariño y fuerzas que nunca. 

Con el desafío de traspasar las pantallas, para llevar algún tipo de abrazo a nuestrxs lectores, creamos la Nube Nuez en la que distintxs autorxs e ilustradorxs de la editorial fueron aportando contenido de libre descarga para que lxs niñxs pudieran imprimirlo y tuvieran con qué entretenerse en esos días que se hacían tan largos.

Nos dedicamos a curar con paciencia, amor y muchísimo cuidado, en reuniones virtuales largas y muy ricas, Realidades, la obra poética completa de Susy Shock. Salió con muchos detalles preciosos, como la obra ilustrada Kamasutra, de León Ferrari, que supo hablar de goce y deseo en otros tiempos duros y tristes como fueron los de la última dictadura.

Este año larguísimo que duró dos (2020 y 2021) fue cuando, a pesar de las dificultades, logramos nuestra primera compra de derechos. Fue sobre el libro Nuestras reglas, de Élise Thiébaut, para seguir metiendo manos a la obra en la Educación Sexual Integral y sus múltiples temas, que nos parece que deben ser tratados con respeto, valentía, inteligencia y mucho humor crítico.

En estos tiempos, nuestras imaginaciones y creaciones fueron volando a otras galaxias con libros como O.D.N.I. (Objeto Dibujable No Identificado), de Juanta, y Operación rescate, de Tobi S. (nuestro primer autor niñe). Con esos libros miramos el cielo con ganas de aventurarnos y le dimos órbita a nuestros deseos de acercarnos a otros horizontes, esos que los señores dueños de todo ni se pueden imaginar, y por eso no pueden conquistar. 

Mutación y crisis, un estado de permanente trans-formación

En el último año transcurrido de esta década conspirada, seguimos el camino de la experimentación de habitar espacios aún no transitados y probamos con la ficción para adultxs, un espacio en el que se invita a esa población tan complicada a soñar y a detener el tiempo, para poder respirar. Lo hicimos con Seda metamorfa, una obra que lleva al extremo la búsqueda de nuevos lenguajes y de visión feminista de la realidad. Fue junto a una gran escritora y editora amiga como es Ana Ojeda, que banca la cooperativa desde sus comienzos. 

También volvimos a nuestras raíces, con Esa tal crisis, que fue combinar en una olla gigante muchas cosas: nuestras bases de cooperativismos y revuelta del 2001, las infancias como centro de la historia, los grabados como herramienta artística potente y que ocupa calles y libros, y volvimos a hacer un libro íntegramente realizado por socixs de la cooperativa. En este caso, con Lu y Cami (la más vieja y la más nueva de nuestrxs socixs) como las integrantes motorizadoras. Cami entró a llevar a cabo nuestro amor por el grabado dentro de la cooperativa en forma de afiches, totebags, y otros bellos objetos. Siempre con muchxs otrxs en edición, cachorreo y amor al libro. 

En el trajín del hacer colectivo, algunxs socixs dejaron de trabajar activamente en la editorial para seguir otros caminos relacionados y afines. Y otrxs, que fuimos mencionando, se han sumado con ímpetu, ganas y el mismo sabor y sentimiento de amistad y pertenencia. La última en sumarse fue Lau, hace no mucho, que aún no le tocó hacer ningún libro pero está dele moverlos y cuidando sus viajes a las librerías amigas de territorios cercanos y no tanto. 

Con tanto vivido juntxs, seguimos creando y conspirando libros, objetos, prácticas, ferias, viajes. Seguimos entramándonos con otrxs como nuestro rasgo distintivo, con amigxs como TyPEO, Abre Cultura, La Base, el Encuentro de mujeres autogestionadas, editoriales cooperativas y tantas redes más. La esencia es la misma: nuestrxs niñxs (sobre todo esxs que somos) nos lo agradecen.

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